Por primera vez desde que la Liga de Campeones adquirió su actual formato y después de 18 años, uno de los dos finalistas de la máxima competición continental europea disputará el título en su propia ciudad.
Sólo tres ediciones de la final de la Copa de Europa se disputó en la casa de uno de los finalistas: tanto el Real Madrid, en 1957, como el Inter de Milán, en 1965, lograron consagrarse campeones, mientras que la Roma cayó ante el Liverpool en la final de1984, hasta el momento último registro de la particularidad.
"Jugar en su propio estadio será, sobre todo, una ventaja emocional para el Bayern", explicó Michael Ballack, ex futbolista tanto del conjunto alemán como del Chelsea, en una entrevista a la web de la FIFA.
Como no podía ser de otra manera, la capital de Baviera se encuentra convulsionada ante la final de mañana en el estadio Allianz Arena. Desde las cuatro banderas gigantes con el escudo del Bayern desplegadas en la plaza Karlsplatz hasta promociones especiales en cervercerías históricas de la ciudad adornan una semana previa en la que sólo se respira fútbol.
"Esta es nuestra gran oportunidad. Toda la ciudad estará detrás del equipo, sabemos que ganaremos el título y que podremos recuperarnos de la final contra el Inter", asegura Karl, un comerciante que viajó a Madrid en la final de 2010 perdida contra el Inter de José Mourinho y que no pudo conseguir una de las 17.500 entradas dispuestas a sorteo para los aficionados locales.
Mientras los hinchas del Chelsea se agolpan en cualquiera de las cervecerías de la peatonal Neuhauser Strasse y parecen querer adelantar la fecha del Oktoberfest, los anfitriones se dedican a decorar la ciudad de rojo y blanco.
Un jabalí de bronce situado en la puerta del Museo de Caza y Pesca quedó retratado con una bufanda del Bayern como si se tratara de un símil de la ceremonia realizada por el Real Madrid campeón en la fuente Cibeles.
El Olympiapark (Parque Olímpico) se convirtió en el centro recreativo de la final de la Champions, mientras tanto, la principal plaza de la ciudad, Marienplatz, albergó fanáticos locales, otros tantos del Chelsea y hasta algunos intrusos.
"Yo pensaba venir a ver a mi equipo, pero no pudo ser. Ahora aprovecharé para hacer turismo y para animar al Bayern desde afuera", explicó Sergi, un hincha del Barcelona que había comprado los billetes de avión antes de las semifinales y cuya única obsesión para la final es la derrota del Chelsea, verdugo del equipo de Josep Guardiola.
El Bayern, que ganó los siete partidos en casa disputados en la actual edición (incluido el del repechaje contra el Zúrich), tendrá la oportunidad de volver a coronarse en la Champions después de 11 años, cuando derrotó en 2001 al Valencia, en Milán.
Además, podrá resarcirse de una temporada en la que se vio opacado por el Borussia Dortmund, tanto en la liga como en la Copa alemana.
"Tenemos que saber aprovechar el hecho de que la final se juegue en casa. Espero que los jugadores sepan manejar la presión de la gente", analizó Markus, un joven estudiante universitario.
El Bayern afrontará este sábado una de las finales de Champions más exclusiva de su historia, lo hará con 11 jugadores en el campo y con toda una ciudad a los hombros.
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